Aunque Campeche comparte la misma placa caliza que dio origen a los cenotes de Yucatán y Quintana Roo, el estado apenas cuenta con cuatro cuerpos de agua habilitados oficialmente para el turismo, pese a que espeleólogos han documentado más de 40 en la zona de Los Chenes, Calakmul y Hopelchén. Guías locales, empresarios y ejidatarios piden un plan urgente de rescate para convertir estas “catedrales naturales” en motores de desarrollo comunitario.
El cenote Miguel Colorado, en Champotón, es el referente más conocido: recibe hasta 300 visitantes por día en temporada alta gracias a su tirolesa, plataforma de clavados y aguas color turquesa. Le siguen Agua Azul, también en Champotón, y los pequeños cenotes de Xculoc y Yaal-Utzil en Hopelchén, que apenas cuentan con palapas y senderos rústicos. El resto permanece sin accesos seguros, señalética, baños ni servicios de rescate, lo que limita su aprovechamiento y pone en riesgo a los bañistas.
“Tenemos cenotes tan bonitos como los de Yucatán, pero no hay inversión ni promoción. La gente se va a Valladolid o Tulum porque aquí no saben que existimos”, lamenta Juan Chan, guía de Bolonchén de Rejón. Ejidatarios de Ich-Ek denuncian además que la falta de manejo provoca basura, grafitis y uso de jabones que alteran el equilibrio de los acuíferos.
La Secretaría de Turismo estatal reconoce el rezago. Dentro del programa “Sol y Arena” se promueven playas y zonas costeras, pero el segmento de naturaleza sigue concentrado en Isla Aguada y Palizada. Para 2026, el reto es descentralizar el turismo hacia los Pueblos Mágicos y comunidades mayas, donde los cenotes podrían detonar empleos sin desplazar a la población.
Expertos de la UAC proponen un modelo similar al Corredor de los Cenotes que impulsa Playa del Carmen: rutas intercomunitarias, capacitación a guías, cuotas de conservación y límites de carga. “Un cenote bien manejado puede dejar hasta 2 millones de pesos al año a un ejido y garantizar la recarga del acuífero”, explica la bióloga Marisol Puch.
Mientras tanto, visitantes nacionales llegan por recomendación de boca en boca a sitios como Dos Lagunas o Kankirixché, exponiéndose a caminos de terracería y falta de señal. Rescatarlos, dicen los pobladores, no es solo abrirlos al turismo: es proteger el agua que bebe todo Campeche.






