PODER Y CRÍTICA | REDACCIÓN | A un día de la cumbre prevista en Islamabad, Irán mantiene su postura de no participar en las negociaciones mientras no se concrete un alto el fuego en Líbano, lo que pone en riesgo el diálogo internacional para desescalar el conflicto.
El portavoz del Ministerio de Exteriores iraní, Ismail Bagaei, afirmó que cualquier negociación está supeditada al cese de los ataques en territorio libanés. En la misma línea, el presidente del Parlamento iraní, Mohamad Baqer Qalibaf, señaló que tampoco se ha cumplido otra condición clave: la liberación de activos iraníes congelados.
Teherán considera que la situación en Líbano forma parte integral del acuerdo mediado por Pakistán, y advirtió que responderá si continúan las hostilidades.
En contraste, el vicepresidente de Estados Unidos, JD Vance, quien ya se dirige a Pakistán, expresó un optimismo cauteloso sobre las conversaciones, asegurando que Washington está dispuesto a dialogar si Irán actúa de buena fe, aunque advirtió que no tolerarán intentos de engaño.
Mientras tanto, Islamabad se encuentra bajo estrictas medidas de seguridad, con despliegue militar y el cierre de la denominada “Zona Roja”, en preparación para la posible reunión.
Crisis en Líbano y denuncias internacionales
La situación en Líbano continúa deteriorándose. El ministro del Interior, Ahmad al Hajjar, llamó a un cese total de hostilidades y advirtió que la inestabilidad interna favorece a Israel.
Por su parte, el líder de Hizbulá, Naim Qassem, rechazó cualquier concesión al gobierno israelí. En paralelo, la Organización Mundial de la Salud denunció ataques contra personal médico y ambulancias, señalando que en las últimas semanas han muerto decenas de trabajadores sanitarios.
Además, la Organización de las Naciones Unidas instó a investigar posibles crímenes de guerra, tras reportes de ataques a infraestructura civil como escuelas, hospitales y universidades.
Impacto global y tensiones diplomáticas
El conflicto también impacta la economía mundial. El tránsito en el estrecho de Ormuz se mantiene limitado, afectando el suministro global de petróleo. Asimismo, la empresa TotalEnergies cerró una refinería en Arabia Saudita por daños derivados de los ataques recientes.
En el ámbito diplomático, se intensificaron las tensiones entre Israel y España. El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, ordenó la expulsión de representantes españoles de un centro de coordinación en Gaza, acusando al país europeo de hostilidad.
En respuesta, el canciller español, José Manuel Albares, calificó las acusaciones como “absurdas y calumniosas”, y señaló que estas acciones podrían entorpecer las negociaciones en Islamabad.
La incertidumbre sobre la realización de la cumbre mantiene en vilo a la comunidad internacional, que observa este encuentro como clave para definir el rumbo del conflicto y sus repercusiones globales.






