PODER Y CRÍTICA | REDACCIÓN | En la comunidad de San Diego, en el municipio de José María Morelos, la producción de miel dejó de centrarse únicamente en la venta para convertirse en una estrategia de conservación ambiental y desarrollo local. La familia Puc Acosta, fundadora de P&A Apicultura, impulsa un modelo de apiturismo regenerativo que prioriza la salud de la selva y la protección de los polinizadores de la región maya.
Con más de 300 colmenas bajo manejo profesional, los cinco hermanos que integran el proyecto señalan que el verdadero éxito no se mide en volumen de producción, sino en el equilibrio del ecosistema. Su propuesta surge como respuesta a lo que consideran un abandono histórico del sector apícola, situación que ha dejado a las abejas en riesgo frente al crecimiento desordenado de la actividad humana.
El proyecto abre los apiarios al público mediante experiencias inmersivas donde los visitantes pueden fungir como “apicultores por un día”, una dinámica diseñada para sensibilizar sobre la importancia del cuidado de las abejas y la preservación de la selva. A través de estas actividades, los asistentes conocen el papel fundamental de cada especie: la Apis mellifera como base económica, la abeja Melipona como pilar de la medicina ancestral y las abejas solitarias como guardianas del equilibrio natural.
José Puc Acosta, apicultor e integrante del proyecto, explicó que la protección de las especies nativas es clave para garantizar la seguridad alimentaria a largo plazo. “Nuestra labor va más allá de producir miel; es una tarea de conservación”, afirmó.
El impulso al turismo y a la venta directa también responde a la crisis que enfrenta el sector. En los últimos dos años, el precio de la miel en el mercado mayorista cayó de 50 pesos a entre 22 y 30 pesos por kilo, un nivel que no cubre los costos de producción. Ante ello, la familia decidió eliminar intermediarios y reforzar la identidad local de su producto.
Como parte de esta estrategia, los apicultores buscan obtener el sello Hecho en Quintana Roo, con el objetivo de que la miel producida en la selva maya sea reconocida por su origen y que el beneficio económico permanezca en las comunidades que la resguardan.
Con el respaldo de organizaciones ambientalistas como Climate Roots, el proyecto contempla llevar la miel quintanarroense a espacios como las estaciones del Tren Maya y a mercados internacionales, siempre bajo un principio central: la protección de las abejas como prioridad.
“En la zona maya, la miel es valiosa, pero la vida de las abejas nativas es el verdadero legado que debe preservarse para las siguientes generaciones”, concluyó el apicultor.






