PODER Y CRÍTICA | REDACCIÓN | De 50 millones de dólares sería el moche que la empresa Royal Caribbean habría entregado al super asesor del gobierno ‘morenista’ de Quintana Roo, Cuitláhuac Bardán Esquivel para los permisos, repartir en los tres órdenes de gobierno y por la entrega 90 hectáreas para el ‘Perfec Day’ de Mahahual y 17 hectáreas para Royal Beach Club Cozumel, un negocio que se les cayó, que impacta el proyecto del Delfín y que no saben como remediar con la empresa; algo similar de lo que intentaron hacer con la concesión de Aguakán.
Pero el negocio se les cayó a quienes lo impulsaron y protegieron; fue una cúpula de poder que primero anunciaron los megaproyectos, luego construyeron la viabilidad política y al final, intentaron que les autorizaran la Manifestación de Impacto Ambiental (MIA) el estudio técnico-científico y legal de carácter preventivo que en toda obra pública y privada es obligatoria y de ley.
Sin embargo, Bardán Esquivel quien se decía representante de la presidenta Claudia Sheinbaum en Quintana Roo y a quienes asesora, no contaban con la resistencia social y la presión mediática que obligó a la Semarnat a frenar definitivamente el proyecto Perfect Day en Mahahual y el de Cozumel va por la misma línea.
En el ámbito popular y político se cuestionan ¿Cuánto habían avanzado las gestiones políticas y administrativas antes de que la autoridad ambiental federal decidiera poner el freno?, pues más allá de los discursos corporativos sobre sustentabilidad, empleo y desarrollo regional era evidente el apoyo y atenciones de las autoridades estatales y municipales.
Ahora se sabe que esos millones de dólares iniciaron con el reparto de sobornos a nivel municipal en Othón P. Blanco con Yensunni Martínez para que firmara todos los permisos y cesión de terrenos para la empresa, lo mismo sucedió con Jose Luis Chacón en Cozumel y fue ascendiendo hasta llegar al pago de la estructura paralela a Morena, para impulsar la candidatura del Delfín de la Mafia en el Poder.
Millones de pesos para la pinta de bardas, playeras, souvenires y sueldos de brigadistas que promueven una candiudatura con recursos productos de una extorsión, de un embute que atentaba contra el medio ambiente y que no fue posible sostener.
En las redes se dijo que en Quintana Roo, donde el turismo suele caminar de la mano del poder político y de los grandes capitales, los ciudadanos han aprendido a desconfiar cuando los trámites parecen correr más rápido que una liebre o que las explicaciones. Y alrededor de Perfect Day comenzaron a acumularse demasiadas señales inquietantes e inequívocas: Cambios de uso de suelo cuestionados, gestiones administrativas aceleradas, trabajos preliminares observados y autorizados antes de contar con autorizaciones definitivas y una promoción gubernamental que daba la impresión de que el proyecto estaba decidido desde mucho antes de concluir la evaluación ambiental, sin embargo, pese a los millones, el tiro les salió por la culata.
El proyecto fue presentado el 9 de octubre de 2024 por el gobierno del estado con bombo y platillo, como una panacea para solucionar la pobreza de la zona sur del estado; para el 14 de mayo de 2025, Royal Caribbean presentó Perfect Day en su canal de YouTube e inició hasta preventas del parque que supuestamente se inauguraría este año.
Los rastros del cochupo millonario se confirmaron cuando, por recomendaciones de Bardán Esquivel y a quienes asesora, nombraron al señor Ari Adler Brotman, ex titular del Instituto para el Desarrollo y Financiamiento (Indefin), y lo nombraron como presidente para México de Royal Carebbean: es su representante de la sociedad pactada con la empresa que a cambio de 50 millones de dólares y una comisión por los años de la concesión entregada.
Las benditas redes sociales también consignaron que Mahahual tampoco reaccionó únicamente por romanticismo ambiental. Muchos habitantes entendieron rápidamente lo que significaba el modelo “Perfect Day”: Encapsular al turista dentro de una experiencia privada diseñada para que la derrama económica permaneciera bajo control de la naviera. Es decir, cruceristas que comen, compran, consumen y se entretienen dentro de un complejo concesionado, mientras el pueblo observa pasar millones de dólares sin que necesariamente permeen en la economía local.
Ese fue quizá el mayor error estratégico de Royal Caribbean: Pensar que el discurso del gobierno humanista con corazón feminista bastaría para neutralizar el temor de una comunidad acostumbrada a ver cómo los megaproyectos prometen prosperidad colectiva mientras concentran beneficios. La reacción social terminó creciendo hasta convertirse en una presión nacional, donde las manifestaciones y las redes sociales jugaron un papel importante, lograron la cancelación del proyecto y de rebote tumbaron la candidatura del delfín que avala por igual La Mafia Verde.
Cuando la Semarnat anunció finalmente que el proyecto no sería autorizado, el mensaje político fue contundente. El Gobierno Federal entendió que aprobar Perfect Day significaba cargar con el costo de aparecer subordinado a los intereses de una corporación turística en uno de los ecosistemas más delicados del país; el episodio deja lecciones incómodas para Quintana Roo porque el asunto no es únicamente que el proyecto haya sido frenado, sino la facilidad con la que, durante meses, pareció avanzar bajo la lógica de que primero se construye el consenso político y después se resuelven los permisos ambientales.
Durante meses, la administración estatal promovió la idea de nuevas inversiones turísticas como motor económico estratégico para el Sur de la entidad, y Perfect Day aparecía como una de las apuestas emblemáticas para detonar Mahahual, eso fue operado por la Laura Aguilar desde comunicación del gobierno estatal, millones de pesos se destinaron para apuntalar el proyecto que se cayó, por lo más elemental: atentaba contra el medio ambiente y no dejaría derrama económica y real después de su construcción en la comunidad de Mahahual.
Y el rumor de un millonario moche de la empresa a las autoridades estatales cobra veracidad cuando se relaciona a Bardán Esquivel con la valiente denuncia de los dueños de la empresa Aguakan quienes lo señalaron de querer comprarles la empresa por 4 mil 500 millones de pesos para adquirir la concesión y toda la infraestructura
La concesionaria afirmó que dicha oferta representaba únicamente una cuarta parte del valor real de sus activos y su infraestructura. Los directivos denunciaron que el ofrecimiento fue acompañado de presiones y amenazas de «complicaciones federales» o persecuciones jurídicas si no aceptaban el monto.
Como parte de las negociaciones posteriores sobre la mesa, la empresa llegó a plantear una cifra cercana a los 12 mil millones de pesos para entregar la operación anticipadamente.
El gobierno del estado de Quintana Roo quiso revertir las acusaciones argumentando que las revisiones y auditorías a la concesión no buscan un despojo, sino solucionar las presuntas irregularidades financieras y el daño patrimonial detectados en las prórrogas previas del contrato.
Por lo pronto los de Royal Caribbean, ya estarían exigiendo la devolución del millonario moche operado por Bardan Esquivel y defendido en medios por Laura Aguilar; una extorsión que golpeó las aspiraciones sucesorias en Quintana Roo y noqueó al Delfín de la mafia en el poder.







