PODER Y CRÍTICA | REDACCIÓN | Pablo Bustamante Beltrán, actual Secretario de Bienestar de Quintana Roo, por ocupar la presidencia municipal de Benito Juárez (Cancún) en 2027, ha chocado frontalmente con las turbulencias legislativas en la Ciudad de México. El condicionamiento del Partido Verde Ecologista de México (PVEM) a la Reforma Electoral de la presidenta Claudia Sheinbaum ha tensado la liga con Morena a un punto que amenaza con dejar al «cachorro del Verde» fuera de la jugada local.
Los puntos clave del conflicto:
El Chantaje Verde: El PVEM ha frenado el avance de la reforma para proteger sus privilegios, principalmente el financiamiento público y las diputaciones plurinominales.
El Botín de Cancún: Para la cúpula del tucán, Cancún no es solo una posición política, sino la «joya de la corona» financiera que han controlado y explotado a través de diversas administraciones.
Candidatura en la Cuerda Floja: La dirigencia de Morena, molesta por los amagos de sus aliados, contempla retirar el respaldo a Bustamante como represalia, priorizando perfiles propios para 2027.
Intereses económicos sobre el bienestar
Aunque Bustamante utiliza la infraestructura de la Secretaría de Bienestar para posicionar su imagen, el trasfondo de su candidatura es la continuidad de un esquema de poder que ha permitido al PVEM mantener una influencia desmedida sobre las arcas municipales de Cancún. Analistas advierten que la resistencia del Verde a la reforma electoral no es por ideología, sino una táctica para asegurar que figuras como Bustamante lleguen al poder y garanticen el flujo de recursos hacia el partido.
Un futuro incierto
Con la presidenta Sheinbaum decidida a impulsar su reforma «con o sin acuerdos previos», el margen de maniobra para el Verde se agota. De mantenerse la postura de rebeldía en el Congreso, Pablo Bustamante podría ver cómo su sueño de gobernar el polo turístico más importante de México se desvanece, víctima de la misma estrategia de presión que su partido suele utilizar para negociar cuotas de poder. Mientras tanto, en las calles de Cancún, la promoción del secretario continúa, ajena —al menos en apariencia— al terremoto político que se gesta en el centro del país.





