PODER Y CRÍTICA | REDACCIÓN | Frente al arribo inusual de sargazo que afecta al Caribe mexicano en el inicio de 2026, especialistas en ciencias marinas respaldaron la instalación de barreras transoceánicas como una de las estrategias más viables para contener el fenómeno antes de que llegue a las costas.
La propuesta, que actualmente es analizada por el Gobierno de Quintana Roo para su posible aplicación en zonas sensibles como Cozumel y Banco Chinchorro, busca interceptar y redirigir grandes concentraciones de la macroalga mar adentro, facilitando su manejo y recolección.
La doctora Laura Elena Carrillo Bribiesca, oceanógrafa física, explicó que este tipo de infraestructura permite retirar el sargazo en condiciones óptimas, lo que abre la puerta a su aprovechamiento productivo, siempre que la biomasa no se deteriore al tocar la costa.
Este planteamiento se ve fortalecido por un cambio normativo reciente: en 2025, el sargazo fue incorporado oficialmente a la Carta Nacional Pesquera, lo que modificó su estatus legal. Con ello, dejó de considerarse únicamente un residuo ambiental para convertirse en un recurso susceptible de manejo económico bajo un marco regulado.
Carrillo Bribiesca destacó que los avances son resultado de una coordinación interinstitucional encabezada por la Secretaría de Marina, con el acompañamiento del Consejo Nacional de Humanidades, Ciencias y Tecnologías, que ha permitido integrar monitoreo satelital, estudios oceanográficos y análisis del impacto biológico.
Aun así, los científicos advierten que el reto es mayúsculo. Actualmente, la masa de sargazo flotante en el Atlántico se calcula entre 50 y 60 millones de toneladas, aunque su llegada a las playas depende de factores como corrientes marinas, vientos y temperatura del agua.
Por ello, se estudian soluciones técnicas que garanticen que las barreras resistan el oleaje y mantengan estabilidad operativa. El objetivo para este año es avanzar hacia un modelo de gestión integral, que deje atrás la reacción de emergencia y consolide una estrategia preventiva con participación del sector académico, gubernamental y privado.
La comunidad científica coincide en que, pese a los esfuerzos realizados, el fenómeno supera las capacidades actuales de contención.
“El sargazo no es el problema en sí, sino la manifestación de un desequilibrio ambiental más profundo en los océanos”, advierten.
Bajo esta visión, el Caribe mexicano busca no solo proteger sus ecosistemas y su actividad turística, sino también convertirse en referente internacional en la transformación de una crisis ambiental en una industria sostenible, con empresas como Sargapac, Ensol y Dianco que ya operan en Quintana Roo procesando el alga para fines comerciales.






