¡Atrapados en la plena incongruencia! Tras años de discursos en contra del «yugo español» y de exigir disculpas históricas entre sombrerazos diplomáticos, la ex primera dama Beatriz Gutiérrez Müller desató un tremendo terremoto político al quedar al descubierto sus gestiones para obtener la nacionalidad española.
El escándalo estalló en las redes sociales y círculos políticos al revelarse que la esposa del expresidente Andrés Manuel López Obrador amparó su trámite en la llamada «ley de nietos», buscando desesperadamente el pasaporte europeo mientras en México predicaban austeridad y nacionalismo puro.
¡Trato preferencial y favoritismo en el Consulado!
Por si el golpe al discurso no fuera suficiente, destapes del medio español The Objective encendieron las alarmas sobre un presunto trato de favor VIP:
Mano negra en los trámites: Reportes periodísticos señalan que personal consular de España habría metido las manos para apurar sus expedientes y corregirle documentos faltantes a la velocidad de la luz, un privilegio con el que miles de ciudadanos ordinarios solo pueden soñar tras meses de tortuosos giros burocráticos.
¿Control de daños? Ante el hervidero de críticas, Gutiérrez Müller tuvo que salir a apagar el fuego mediante una carta pública, jurando que sigue viviendo en México y que «no planea mudarse», una respuesta que para sus detractores suena más a control de daños que a una disculpa sincera.
¿Sienten «pasos en la azotea» o aseguran el futuro fuera de México?
Críticos y opositores no tardaron en despedazar la retórica del movimiento, cuestionando las verdaderas intenciones detrás de la prisa por conseguir la ciudadanía europea justo al concluir el sexenio:
Incongruencia brutal: Mientras la narrativa oficial atacaba a las empresas españolas y pausaba relaciones, la cúpula buscaba en secreto los beneficios de la Unión Europea.
¿Plan de escape? Diversos analistas se preguntan si este movimiento es en realidad una estrategia de resguardo patrimonial y protección diplomática ante posibles investigaciones futuras, dejando al descubierto que cuando los reflectores se apagan, el «amor a la patria» queda en segundo plano ante un pasaporte VIP.





