La estrategia actual de contención de sargazo en las orillas del Caribe mexicano resulta insuficiente para solucionar la crisis ambiental, por lo que la verdadera alternativa radica en abordar el fenómeno desde la investigación científica para interceptar la macroalga en sus zonas de incubación en el océano Atlántico, advirtió Susana Enríquez Domínguez, investigadora del Instituto de Ciencias del Mar y Limnología de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) en Puerto Morelos.
La especialista explicó que cuando la alga recala en volumen masivo sobre la franja costera «la batalla ya está perdida», debido al acelerado proceso de descomposición que sufre el organismo al contacto con la orilla.
Impacto ecológico y económico en la región costera
La llegada masiva de la macroalga altera la composición del agua y pone en riesgo los ecosistemas marinos y la economía turística de Cancún y la zona norte de Quintana Roo:
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Degradación del ecosistema: Al descomponerse, el sargazo libera la totalidad del fósforo y nitrógeno que almacena, consumiendo el oxígeno disuelto en la columna de agua mediante un proceso anaeróbico. Esto genera emisiones de gases tóxicos y la coloración marrón que ahoga a los sistemas arrecifales.
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Afectación turística y urbana: La pérdida de la calidad de las aguas cristalinas y arenas blancas perjudica la principal actividad económica del estado, agravando la vulnerabilidad de zonas afectadas por el desarrollo urbano y la descarga de nutrientes.
Propuesta técnica: Intercepción en «hornos» del Atlántico
La investigadora de la UNAM planteó un cambio de enfoque operativo para neutralizar las zonas de agregación —conocidas como «hornos»— ubicadas en el océano Atlántico, nutridas por las cuencas de los ríos Orinoco y Amazonas:
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Ventana de acción invernal: Propuso la aplicación de tecnologías como la desarrollada en el Reino Unido, basada en el uso de embarcaciones de bajo costo para recolectar las acumulaciones de algas en los meses de enero y febrero.
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Control previo a la primavera: Al intervenir durante el invierno, se evita el disparo biológico primaveral que multiplica exponencialmente la biomasa antes de que las corrientes la desplacen hacia las costas mexicanas.






