El consumo de alcohol entre adolescentes y jóvenes continúa siendo una de las principales puertas de entrada a la adicción y aumenta el riesgo para el uso de mariguana y metanfetamina, alertó la doctora Carmen Fernández Cáceres, directora general de los Centros de Integración Juvenil (CIJ).
En entrevista con La Jornada, la especialista señaló que cerca del 50 por ciento de las 80 mil consultas que los CIJ ofrecen cada año a adolescentes y a sus familias es a causa de problemas ocasionados por la adicción a la metanfetamina y el alcohol. Precisó que el alcohol, por ser una droga legal y de fácil acceso, sigue siendo el primer contacto de muchos jóvenes con el consumo de sustancias.
Fernández Cáceres advirtió además sobre un incremento sustancial en el uso de vapeadores y cigarrillos electrónicos. De acuerdo con la más reciente encuesta representativa aplicada por la institución a 250 mil adolescentes, el 28 por ciento reconoció haber utilizado alguno de estos dispositivos.
La directora general destacó acciones preventivas impulsadas por el Gobierno federal, como la Estrategia Nacional por la Paz y contra las Adicciones, que promueve estilos de vida saludables y busca sensibilizar a la población sobre los riesgos del consumo de sustancias ilícitas, así como el programa El ABC de las Emociones, dirigido a estudiantes de tercer grado de secundaria y bachillerato, que ofrece herramientas de contención emocional y fortalece la visión preventiva de la salud mental.
Asimismo, subrayó la importancia de la campaña No Está Chido, realizada con el apoyo de organizaciones civiles y medios de comunicación, para prevenir a niños y adolescentes sobre los peligros del consumo de drogas. Señaló que esto resulta fundamental ante una constante detectada: el uso de fentanilo mezclado en otras drogas, lo que representa un riesgo mortal para los consumidores.
Entre los factores de riesgo, mencionó los contextos de vulnerabilidad que enfrentan los adolescentes, así como la exposición a publicidad y estrategias de mercadotecnia en redes sociales, donde pueden ser contactados por quienes comercializan sustancias o inducidos a probarlas mediante retos virales.






