Al grito de “¡mi cuerpo, mi vida!” y “¡mi vida, mi muerte, mi decisión!”, decenas de pacientes incurables encabezaron este viernes 28 de agosto la primera Marcha por la Muerte Digna en la historia del país, de Bellas Artes al Zócalo, para exigir la legalización de la eutanasia.
La movilización, convocada por la activista Samara Martínez Montaño —25 años, insuficiencia renal crónica terminal, lupus y cuatro órganos perdidos, conectada 10 horas diarias a diálisis peritoneal nocturna— entregó en tres paradas —Congreso de la CDMX, Oficina de Atención Ciudadana de Presidencia y Palacio del Ayuntamiento— el paquete de iniciativas federales y locales presentadas en octubre de 2025 bajo la Ley Trasciende, respaldado por más de 180 mil firmas en http://Change.org y encuestas que muestran 70% de apoyo ciudadano.
“Agotamos todas las instancias. Esta es la séptima propuesta, pero la primera impulsada por pacientes, no por políticos colgándose medallas. ¿Qué falta? Pues no miedo y no tibieza a la hora de legislar”, dijo Samara, quien ha tenido dos trasplantes fallidos y toma 15 fármacos diarios.
La Ley Trasciende propone reformar el artículo 166 de la Ley General de Salud —que hoy tipifica eutanasia como homicidio por piedad— para regular la asistencia médica para morir: solicitud voluntaria, informada y libre de coacción por mayor de edad con enfermedad grave, incurable y sufrimiento intolerable, evaluada por dos médicos y comité interdisciplinario, con objeción de conciencia pero obligación institucional de garantizar personal no objetor.
La marcha, acompañada por familiares, cuidadores, tanatólogos y colectivos como Libertad para Morir y Derecho a Morir con Dignidad, denunció que la ayuda médica para morir ya ocurre en clandestinidad sin garantías. “No impulsamos la muerte, humanizamos el final”, insistió Martínez.






