Al menos uno de cada cuatro jugadores de la NFL fallecidos entre 2016 y 2021 padecía encefalopatía traumática crónica (ETC), una enfermedad cerebral progresiva y degenerativa vinculada a los golpes repetidos en la cabeza, reveló un estudio publicado este 26 de agosto en The British Medical Journal (BMJ).
La investigación, dirigida por Daniel Daneshvar, del Mass General Brigham y la Facultad de Medicina de Harvard, junto con especialistas de la Universidad de Boston y la Concussion & CTE Foundation, analizó a 878 exjugadores que murieron en ese periodo. De ellos, 235 familias donaron los cerebros para estudio neuropatológico y en 215 se confirmó ETC, lo que representa una tasa de positividad del 91.4 por ciento en las muestras.
Los autores establecieron que, como mínimo, la prevalencia fue de 24.5 por ciento, si se asume que ninguno de los 643 cerebros no analizados tenía la enfermedad. En el escenario máximo, la cifra llegaría a 97.7 por ciento. La estimación real, advierten, se sitúa en un punto intermedio. El hallazgo confirma que la mortalidad por enfermedades neurodegenerativas en exjugadores de NFL es cuatro veces mayor que en la población general.
El caso del ala defensiva de los Dallas Cowboys, Marshawn Kneeland, seleccionado en el draft de 2024 y diagnosticado póstumamente con ETC en etapa 1 en julio de 2026, cuestiona la idea de que los cascos modernos y los protocolos de conmoción eliminan el riesgo.
La ETC solo puede diagnosticarse de forma definitiva tras la muerte, mediante la detección de ovillos de proteína tau. Sus síntomas incluyen deterioro cognitivo, problemas de memoria, inestabilidad emocional, dificultad para caminar y pensamientos suicidas.
La NFL respondió que continúa trabajando para hacer el juego más seguro y que mantiene recursos de bienestar físico y mental para exjugadores.






