Colombia vive una de las jornadas más oscuras de su historia reciente. El terremoto de magnitud 7.4 que sacudió al país este lunes ha dejado hasta esta noche un saldo de 132 personas fallecidas y más de 500 heridas, según el último balance del Puesto de Mando Unificado instalado por la presidencia.
El movimiento telúrico, que se prolongó durante cuatro minutos con epicentro en San José del Palmar, Chocó, se sintió con fuerza en el Eje Cafetero, Valle del Cauca, Antioquia y Bogotá, provocando escenas de pánico, colapsos de edificios y cortes de energía y comunicaciones.
Las ciudades más golpeadas son Pereira, con 42 muertos, Manizales, Armenia y Cali, donde el Hospital Universitario del Valle sufrió el colapso parcial de su torre principal, obligando a evacuar a cientos de pacientes en camillas. En Pereira, la Universidad Libre, ubicada en pleno centro, presentó afectaciones estructurales severas.
Aeropuertos como el Matecaña de Pereira y El Edén de Armenia suspendieron operaciones tras grietas en pistas y torres de control. La Aeronáutica Civil informó cierres preventivos y desvíos a Rionegro y Bogotá.
El presidente Abelardo de la Espriella, quien apenas asumió el cargo hace unos días, viajó a Pereira para encabezar las labores de rescate y declaró la emergencia nacional. «Estamos frente a una calamidad que requiere la unidad de todo el país», afirmó.
Brigadas de Defensa Civil, Bomberos y Ejército trabajan a contrarreloj entre escombros para localizar sobrevivientes, mientras hospitales de Risaralda y Quindío reportan sobrecupo.
Estados Unidos y México, a través de Marco Rubio y Claudia Sheinbaum, ofrecieron ayuda humanitaria inmediata, incluyendo rescatistas, binomios caninos y hospitales móviles. La ONU activó su protocolo de apoyo.






