A dos días de perder la final del Mundial 2026 ante España, Lionel Messi arribó este martes a Argentina entre aplausos, carteles y un pedido unánime: “¡No te retires!”.
El capitán, de 39 años, no volvió con la delegación que aterrizó el lunes en Ezeiza encabezada por Lionel Scaloni. Viajó por su cuenta desde Miami junto a Antonella Roccuzzo y sus tres hijos en vuelo privado, directo a su Rosario natal. Aterrizó a las 6:30 en el aeropuerto internacional Islas Malvinas, donde lo esperaba un operativo de seguridad y cientos de hinchas desde la madrugada. Sin contacto directo con la gente, salió en camioneta hacia su casa en Kentucky Club de Campo, en Funes.
Horas antes, había roto el silencio en Instagram tras la caída 1-0 en prórroga en el MetLife Stadium de Nueva Jersey, con gol de Ferran Torres al 106’.
“El dolor es muy grande y va a costar que cierre esta herida”, escribió. “Elijo aferrarme a todas las cosas buenas, los partidos que dimos vuelta dando todo, momentos que permanecerán en nuestros recuerdos para siempre y el apoyo de todo un país que, junto con el trabajo de este grupo, nos trajo de vuelta entre los mejores del mundo”.
El rosarino, que marcó ocho goles y dio cuatro asistencias en el torneo, reconoció la frustración: Argentina no remató al arco hasta el minuto 116 y jugó con diez por la expulsión de Enzo Fernández. Fue la primera final mundialista en la que un equipo no tira en 90 minutos.
“Hoy cuesta valorar lo que hicimos, pero este grupo llegó a dos finales consecutivas de la Copa del Mundo. Gracias de corazón por cada saludo y cada mensaje. Una vez más logramos unirnos como país”, agregó. Cerró con felicitación: “También quiero felicitar a España por el campeonato”.
Scaloni defendió a su capitán: “El Mundial de Messi fue increíble. Tiene 39 años. Espero que esté satisfecho con la entrega de sus compañeros”.
Messi permanecerá de vacaciones por tiempo indefinido con permiso del Inter Miami. El subcampeonato no borra el ciclo de la Scaloneta —dos Copas América, Finalissima y el título de 2022—, pero deja abierta la pregunta que retumbó en Rosario: ¿fue su último Mundial?






