En un despliegue de hermetismo que ha indignado a la comunidad migrante y a defensores de derechos humanos, el Departamento de Seguridad Nacional (DHS) de los Estados Unidos confirmó que no revelará el nombre del agente del ICE que disparó y mató al mexicano Lorenzo Salgado Araujo durante un operativo en Texas.
El muro del silencio
A pesar de la gravedad de los hechos, las autoridades estadounidenses han cerrado filas, argumentando que hacer público el nombre del oficial podría ponerlo a él y a su familia bajo amenaza. Esta negativa se suma a una preocupante falta de transparencia en la investigación:
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Sin respuestas: El ICE se niega a informar sobre el estatus laboral del agente, su antigüedad o si ha sido separado del cargo preventivamente.
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Ausencia de pruebas: Hasta el momento, el DHS no ha presentado una sola evidencia —ni fotos, ni videos, ni cámaras corporales— que respalde la versión oficial de que Lorenzo Salgado embistió al vehículo oficial o que el agente actuó en defensa propia.
El testimonio que contradice la versión oficial
Tres testigos clave, sobrevivientes que viajaban en la camioneta junto a Salgado, han sido contundentes a través de su abogado, Hugo Balderas Ibarra: el agente jamás estuvo en peligro.
Los testimonios señalan que el disparo ocurrió a través de la ventanilla del pasajero sin una provocación previa, y que la camioneta de Salgado no presentaba daños de impacto, lo que desmiente la narrativa de un supuesto embestimiento. El abogado Balderas Ibarra ha denunciado un posible encubrimiento, advirtiendo que el ICE está presionando a los testigos para que acepten la «autodeportación», lo cual anularía cualquier posibilidad de que den su testimonio ante investigadores independientes.
Lorenzo Salgado: Víctima de un sistema sin rostro
Lorenzo Salgado Araujo, de 52 años, era un constructor que llevaba más de 35 años residiendo en Estados Unidos, sin antecedentes penales y en la recta final de su proceso para obtener estatus legal. Su familia relata con dolor que el ICE ni siquiera tuvo la cortesía de notificarles el deceso; se enteraron por un comunicado público, mientras sus pertenencias eran retenidas por la agencia.
Este caso ha encendido nuevamente las protestas contra la ofensiva migratoria actual, denunciando que la falta de rendición de cuentas en el ICE se ha convertido en una licencia para la impunidad. La representante demócrata Sylvia Garcia y defensores de derechos humanos exigen que se garantice la integridad de los testigos y que se realice una investigación transparente que rompa el muro de silencio impuesto por el DHS.






