La nueva entrega de Pixar, Toy Story 5, puso en pantalla un debate que ya habita millones de hogares: el desplazamiento del juego físico por las pantallas. En la trama, Bonnie, de 8 años, deja de lado a Woody y Jessie para concentrarse en Lilypad, una tableta inteligente que promete ser “alguien de este siglo”. La metáfora animada refleja una tendencia documentada por especialistas: los niños interactúan con smartphones y tablets a edades cada vez más tempranas.
Un estudio del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM, junto con investigadores de Psicología y Ciencias Biomédicas, advierte que el uso de estos dispositivos entre menores de seis años es cada vez más frecuente y puede impactar el desarrollo del lenguaje, la motricidad y la socialización. “El problema no es la tecnología en sí, sino la privación de experiencias esenciales como correr, trepar, brincar o interactuar cara a cara”, explicó Alan Alexis Mercado Ruiz, académico de la FES Zaragoza. Dar la tableta como estímulo unidireccional limita la retroalimentación verbal y emocional necesaria en etapas críticas del lenguaje.
La UNAM coincide con la Iberoamericana: el tiempo excesivo frente a pantallas reduce la actividad física y afecta habilidades motrices como el equilibrio y la coordinación, que solo se fortalecen con juego directo. Además, la exposición constante activa el sistema de recompensa del cerebro mediante descargas de dopamina, lo que puede generar irritabilidad al limitar el dispositivo, alteraciones del sueño y menor interacción familiar.
Toy Story 5 no sataniza la tecnología, pero exhibe su costo cuando sustituye al juguete tradicional. La película muestra a Bonnie aislada, con dificultades para hacer amigos porque su entorno también está absorto en chats y videojuegos. Para los psicólogos, esa escena ilustra un riesgo real: la pérdida de habilidades sociales y de tolerancia a la frustración.
Especialistas recomiendan acompañamiento más que control: fijar horarios, crear espacios libres de pantallas, priorizar juegos de mesa y recuperar momentos cotidianos sin celular, como la comida o el trayecto en auto. La UNAM subraya que el impacto depende de la intencionalidad: con contenidos adecuados y guía adulta, la tecnología puede favorecer aprendizajes; sin ella, compromete el desarrollo.
Mientras Pixar convierte a la tableta en el nuevo “villano”, la evidencia científica invita a un equilibrio. El reto, coinciden los expertos, es que las pantallas no apaguen el juego que construye infancia.






