os litorales de Quintana Roo y el resto de la península de Yucatán enfrentan un severo y prolongado proceso erosivo que mantiene en constante retroceso su línea de costa. Ante este panorama, especialistas de la región urgieron a las autoridades y sectores productivos a diseñar e implementar un plan integral de manejo costero que detenga la pérdida crítica de material arenoso en las playas.
Juan Carlos Alcérreca Huerta, investigador de El Colegio de la Frontera Sur (Ecosur), advirtió que la dinámica de pérdida no es un fenómeno reciente ni exclusivo de puntos específicos como la bahía de Chetumal, sino un déficit crónico que se ha manifestado a lo largo de los años en toda la geografía estatal y de manera global.
La geología peninsular y el déficit de sedimentos
De acuerdo con el académico de Ecosur, la vulnerabilidad de la región está intrínsecamente ligada a las características geológicas particulares del suelo peninsular:
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Suelo kárstico: La alta porosidad provoca que casi la totalidad del agua de lluvia se mueva por infiltración y flujos subterráneos en lugar de ríos superficiales.
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Falta de arrastre natural: Al no existir corrientes fluviales superficiales hacia el mar, se reduce drásticamente el aporte natural de nuevos sedimentos y materiales que idealmente deberían alimentar y regenerar las playas de forma constante.
Este balance deficitario de materia propicia que cualquier factor —ya sea de origen natural o artificial— que modifique la dinámica costera tradicional termine por acelerar de forma geométrica los daños en los arenales, especialmente bajo forzamientos climáticos que agitan el oleaje y arrastran los materiales sin dar margen a una recuperación natural.
Infraestructura rígida: El error de diseño en zonas urbanas
El escenario se torna crítico en los polos turísticos y zonas urbanizadas de la entidad debido al uso generalizado de infraestructuras rígidas, como muros verticales de contención, un diseño que los expertos califican de deficiente e incompatible con la ingeniería costera sustentable.
Frente a este diagnóstico, la comunidad científica insiste en que las soluciones temporales o el blindaje empírico de las propiedades costeras solo desplazan y agravan el problema, por lo que es indispensable transitar hacia esquemas de remediación basados en la naturaleza y regulaciones estrictas de construcción en la zona federal marítimo terrestre.






