La quema constante de gas en los mecheros de los campos agaveros que rodean Jalapa y el Centro está enfermando a cientos de familias. Vecinos de al menos 12 comunidades reportan ardor de ojos, tos crónica, náuseas y crisis asmáticas que coinciden con las noches en que las antorchas se intensifican.
De acuerdo con datos de la Secretaría de Salud estatal, las consultas por enfermedades respiratorias aumentaron 68% en Jalapa y 43% en Centro entre enero y mayo de 2026, comparado con el mismo periodo de 2023. En la ranchería Chichonal, el médico del centro de salud atiende hasta 40 casos diarios. “Los niños llegan con silbidos en el pecho y los adultos mayores no duermen por la tos. Cuando sopla el viento del sur, el olor a gas quemado se mete hasta las casas”, relató la enfermera Lucía Pérez.
Los mecheros queman el gas asociado que sale junto con el agave para producir inulina y biocombustibles. Aunque la práctica está permitida, la NOM-137-SEMARNAT-2013 exige que la combustión sea completa y que no afecte núcleos poblacionales. Habitantes acusan que las empresas operan sin filtros y que las antorchas fallan, liberando metano, benceno y compuestos de azufre.
La delegación de Profepa en Tabasco confirmó que abrió tres expedientes tras inspecciones realizadas en abril. Detectó emisiones visibles y niveles de dióxido de azufre por encima de la norma a 800 metros de la escuela primaria Emiliano Zapata. Sin embargo, no ha impuesto clausuras.
El colectivo Aire Limpio para Jalapa presentó mediciones independientes con monitores de bajo costo: registraron picos de PM2.5 de 120 µg/m³ durante las quemas, cuando el límite de la OMS es 15 µg/m³ en 24 horas. “No es olor, es veneno. Tenemos vecinos con estudios que ya muestran daño pulmonar”, denunció la vocera, Maribel Sánchez.
Las empresas agaveras argumentan que los mecheros son “de seguridad” y que invierten en tecnología para reducir venteo. La Secretaría de Desarrollo Energético estatal informó que gestiona recursos para capturar el gas y reinyectarlo, pero el proyecto tardaría dos años.
Mientras tanto, padres de familia de la secundaria Técnica 12 suspendieron clases al aire libre. El Ayuntamiento de Jalapa solicitó a Salud estatal instalar una unidad móvil de atención. Los pobladores exigen un alto inmediato a las quemas nocturnas y monitoreo público en tiempo real.
En Jalapa, el cielo rojo de los mecheros ya no significa progreso. Para muchas familias, es la señal de que otra noche será difícil respirar.






