Decenas de habitantes de la aldea de Mangina irrumpieron la madrugada del martes en el centro de tratamiento de ébola del Hospital General de Beni, en la provincia de Kivu Norte, y se llevaron por la fuerza el cuerpo de un hombre de 42 años que falleció horas antes por el virus, confirmaron autoridades sanitarias locales.
Testigos relataron que alrededor de 60 personas, varios con machetes y palos, rompieron el cerco de seguridad y amenazaron al personal de Médicos Sin Fronteras. “Decían que no creen en el ébola y que querían enterrar a su familiar según sus tradiciones”, explicó el doctor Patrick Nzogu, coordinador del centro. La policía no intervino para evitar un enfrentamiento mayor.
El Ministerio de Salud congoleño señaló que el paciente había dado positivo el 21 de septiembre y murió la noche del lunes con síntomas hemorrágicos. El protocolo internacional exige entierros seguros, con bolsas herméticas y desinfección, para evitar nuevas cadenas de contagio. Al llevarse el cuerpo sin medidas, el riesgo de transmisión entre los asistentes al funeral es alto.
La Organización Mundial de la Salud expresó “profunda preocupación” y envió un equipo de antropólogos y líderes comunitarios a Mangina para negociar la devolución del cadáver o garantizar un entierro supervisado. Desde agosto, la zona registra 18 casos confirmados y 9 decesos en el brote más reciente.
La desconfianza hacia los centros de tratamiento persiste en varias comunidades de Kivu Norte. Rumores sobre robo de órganos y experimentos han provocado al menos cuatro ataques a instalaciones sanitarias en 2026. La Cruz Roja local reportó que 23 voluntarios han sido agredidos este año durante labores de sepultura segura.
El gobernador de la provincia, Carly Nzanzu, pidió calma y anunció el despliegue de fuerzas de seguridad para proteger al personal médico. También solicitó a líderes religiosos y jefes tradicionales explicar a la población que el virus se transmite por contacto con fluidos corporales y que los entierros sin protección han disparado brotes anteriores.
Hasta el cierre de esta edición se desconocía el paradero del cuerpo. Equipos de rastreo de contactos buscan identificar a las personas que participaron en el traslado para vacunarlas y monitorearlas durante 21 días.
La OMS recordó que la letalidad del ébola ronda el 50 por ciento y que cada caso mal manejado puede generar hasta 10 nuevos contagios. La región enfrenta además violencia armada, lo que dificulta la respuesta sanitaria.






