PODER Y CRÍTICA | REDACCIÓN | Grandiosa marea de afecto acompañó el recorrido con amigos a Rafael Marín, cuya presencia desató aquí encuentros espontáneos, saludos prolongados y conversaciones cargadas de memoria política.
Familias completas, empresarios de alto nivel, trabajadores de diversos sectores, familias y amigos de años, así como liderazgos reconocidos, convergieron en un mismo ánimo: el de recuperar los valores que dieron origen a la lucha de quienes construyen con su trabajo, la grandeza de la isla. En cada encuentro, el mensaje se repetía con matices distintos pero con un fondo común: cercanía, compromiso y mantener el rumbo de la lucha por la Transformación, que, dijeron, nació desde abajo.
Entre calles que combinan la riqueza natural de la isla con la calidez de su gente, Rafael Marín avanzó en la gran reunión de amigos, al ritmo de quienes se detenían para estrechar su mano o compartir una anécdota. La escena, lejos de la rigidez tuvo el tono de una reunión donde se diluye lo cotidiano y se abraza al amigo.
La figura de Rafael Marín encontró en la isla un cariño genuino, no se trató únicamente de presencia, sino de conexión. En los gestos, en las palabras y en la disposición de permanecer, conversando y construyendo una narrativa que apela a los orígenes: a la política como servicio.
La tarde cayó con un ritmo distinto en la isla, no fue el vaivén habitual del mar ni el tránsito pausado de sus calles. Cozumel respondió con lo que mejor sabe ofrecer: hospitalidad. Y en ese intercambio, entre la brisa marina y las voces que evocan los primeros pasos de lucha, quedó claro que el amor y el arraigo por esta tierra, se ancla en la cercanía y adquiere una dimensión más humana, menos distante y muy genuina.
Las familias cozumeleñas, verdaderos amigos de Rafa Marin, tuvieron un gran encuentro con abrazos que se multiplicaron en una oleada de cariño genuino, una marejada de sentimientos unidos en un solo ritmo, avanzar con rumbo.




