PODER Y CRÍTICA | REDACCIÓN | En un ambiente de solemnidad y fervor religioso, la comunidad de Hool dio inicio a uno de sus ciclos festivos más representativos con la tradicional ceremonia de la “Bajada” de la Virgen de la Candelaria, acto simbólico que marca oficialmente el comienzo de las celebraciones patronales.
La ceremonia consiste en el descenso de la imagen sagrada desde su nicho habitual hasta un espacio accesible para los fieles, lo que permite una mayor cercanía con la comunidad. Este ritual no solo tiene un profundo significado espiritual, sino que representa el arranque formal de una serie de actividades religiosas y culturales que, durante los próximos días, transformarán la vida cotidiana de la localidad.
La festividad de la Virgen de la Candelaria es una herencia del periodo colonial y se ha consolidado como una de las expresiones religiosas y culturales más importantes de la Península de Yucatán. Su relevancia va más allá del ámbito litúrgico, ya que se sostiene en una sólida organización comunitaria y en una cosmovisión alimentada por leyendas, tradición oral y una fe transmitida de generación en generación.
Durante los meses de febrero y agosto, el santuario de Hool se convierte en un punto de encuentro para miles de creyentes provenientes de distintos municipios y regiones de Campeche, quienes participan en misas, procesiones y actos devocionales. Estas concentraciones anuales reflejan un notable sincretismo cultural, donde la doctrina católica se entrelaza con las raíces mayas y las tradiciones propias de la identidad campechana.
Con la imagen de la Virgen colocada a una altura cercana, inicia el periodo de veneración intensiva, en el que fieles y peregrinos tienen la oportunidad de acercarse para elevar plegarias, agradecimientos y peticiones. Esta proximidad física constituye uno de los momentos más significativos del rito, al permitir a los devotos fortalecer su vínculo espiritual con la figura mariana considerada protectora y guía de la comunidad.






