La identidad Maya en línea de acción por la transformación.
Felipe Carrillo Puerto, Zona Maya.- Desde Noj Caj Santa Cruz Balam Naj Kampocolché, donde la memoria sigue caminando descalza, Alfaro Yam Canul vuelve a poner la palabra sobre la mesa. No como consigna, sino como convicción. Como escribiente indígena Cruzo’ob y heredero de una historia de resistencia que no se presume, pero se honra, Alfaro habla desde la selva, desde la comunidad y desde la experiencia.
Es Nieto del teniente, Ladislao Yam, soldado activo durante la Guerra Social Maya y escribiente indígena Cruzo’ob, defensor de las tradiciones, usos costumbres e historia de la zona maya.
Para él, ya no alcanza con reuniones de gestión ni con discursos bien intencionados. Este tiempo exige decir las cosas por su nombre y empujar una política que ponga a la gente, a la tierra y a la justicia en el centro. Una política que no mire a las comunidades como estadísticas, sino como pueblos con historia, identidad y derechos.
En ese caminar se dieron los encuentros con Rafael Marín Mollinedo, primero en la Ciudad de México y después en Cancún. Conversaciones largas, francas, sin poses, donde se habló del abandono histórico al sureste y del olvido sistemático hacia la región maya Cruzo’ob. No como reproche, sino como punto de partida para pensar distinto.
Desde la mirada de Alfaro, el desarrollo que no nace de la comunidad termina siendo despojo. Por eso ha encontrado en Rafael Marín a alguien que escucha, que entiende que la justicia no se administra desde un escritorio y que el poder solo vale la pena cuando sirve para mejorar la vida de las familias.
No es casual que Alfaro vea con buenos ojos la idea de impulsar un programa real de Desarrollo y Justicia para la región maya Cruzo’ob, uno que no reparta migajas, sino que reconozca territorios, fortalezca la soberanía alimentaria y proteja los saberes ancestrales. Un programa que huela a tierra mojada y suene en lengua maya.
En medio de todo esto, aparecieron los rumores, las cuentas falsas y los burdos ataques de siempre. En cuestión de minutos, intentaron crear una falsa narrativa en torno a Rafa Marín, con un casi «funeral digital».
Para Alfaro, nada nuevo. En el campo se dice que cuando empiezan a llover las piedras es porque algo se está moviendo. Y ahí entra la imagen que mejor describe este momento: el tolok de albarrada. La iguana que aguanta, que parece quieta, pero que siempre termina escapando.
Desde la comunidad maya Cruzo’ob, el respaldo no nace del ruido, sino de la confianza. Y cuando esa confianza se construye caminando, escuchando y respetando, no se borra con chismes ni con funerales digitales.
En la selva, la política todavía se mide así: por quién resiste, quién escucha y quién camina con la gente; y desde Noj Caj Santa Cruz Balam Naj Kampocolché, la reflexión queda abierta: las piedras no siempre derriban; a veces solo pulen y fortalecen liderazgos reales.






