PODER Y CRÍTICA | REDACCIÓN | Ante la falta de transporte accesible para adultos mayores y personas con discapacidad, un taxista del puerto de Veracruz se ha convertido en un verdadero ejemplo de solidaridad y empatía. Daniel Vargas, con 20 años de experiencia detrás del volante, decidió hace casi cinco años brindar traslados gratuitos a quienes más lo necesitan.
Su iniciativa nació durante la pandemia, cuando presenció una situación que lo marcó:
“Levanté a un cieguito. Di diez vueltas y seguía con la mano levantada. Nadie lo quería llevar. Pensé que quería cruzar la calle, pero me dijo que buscaba un taxi. Ahí me di cuenta de que muchos no tenemos empatía. No levantamos a la gente en silla de ruedas o a los adultos mayores porque hay que ayudarles o pensamos que no van a pagar”, relató.
Desde entonces, Daniel ha transportado personas con enfermedades crónicas, indigentes y adultos mayores, siempre de forma gratuita. En el parabrisas trasero de su taxi lleva un anuncio que ofrece este servicio, aunque confiesa que en más de una ocasión ha pensado en quitarlo por la difícil situación económica.
“No busco recompensa ni que alguien me alague. Lo hago porque tengo una familia, porque la vida me ha dado trabajo y salud, y es mi forma de devolver lo recibido. A veces no tengo ni para la gasolina, pero siempre aparece alguien que me ayuda. Creo que dar un poco de lo que tenemos es bueno”, afirma.
La labor de Daniel se sostiene únicamente con su esfuerzo y, aunque enfrenta limitaciones, su ejemplo ha inspirado a que otras personas llamen a los taxistas de la zona a sumarse para construir una movilidad más incluyente en Veracruz.
Mientras muchos siguen esperando soluciones estructurales, acciones como la de Daniel Vargas muestran que la empatía también puede mover ciudades.
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