PODER Y CRÍTICA | REDACCIÓN | Estados Unidos desplegó tres destructores de misiles guiados Aegis en aguas cercanas a Venezuela, como parte de una operación para combatir a los cárteles de drogas en Latinoamérica, considerados organizaciones terroristas internacionales por el gobierno estadounidense. La estrategia incluye también submarinos, aeronaves de reconocimiento P-8 y la movilización de alrededor de 4,000 marines, con operaciones que se extenderán por varios meses.
En respuesta, el presidente venezolano Nicolás Maduro calificó la medida como una “amenaza insólita” y ordenó el despliegue de 4.5 millones de miembros de la milicia en todo el país para “defender la soberanía nacional”. Además, anunció el refuerzo de patrullajes aéreos y marítimos, junto con ejercicios militares cerca de la frontera marítima, advirtiendo que responderá ante cualquier intento de incursión.
Este incremento de tensiones ocurre en medio de la ofensiva de Washington contra organizaciones como el Tren de Aragua y la MS-13, y tras el aumento de la recompensa por la captura de Maduro bajo cargos de narcoterrorismo. Venezuela, por su parte, rechaza las acusaciones y considera las acciones de Estados Unidos como parte de una política de “agresión imperialista”.






