PODER Y CRÍTICA | REDACCIÓN | Por Dr. Jorge Marín | Especialista en Salud Pública en Yucatán
La motocicleta no es solo un medio de transporte: es síntoma de una crisis estructural. Miles de personas la eligen cada día por su bajo costo y rapidez, pero esta aparente solución encierra un drama silencioso que se extiende por todo el estado: más de 3,800 accidentes al año, un sistema de salud saturado, familias devastadas y una movilidad pública que aún no responde a las necesidades reales.
El costo humano y económico de la motocicleta según datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), Yucatán ocupa los primeros lugares en accidentes de motocicleta per cápita en el sureste mexicano.
En 2024, se registraron más de 3,800 siniestros, lo que equivale a más de 10 por día. El 70% de estos accidentes involucran a jóvenes entre 18 y 35 años, muchos de ellos trabajadores informales o estudiantes que dependen de la moto para desplazarse.
El tratamiento hospitalario de un lesionado grave puede superar los $300,000 pesos, según estimaciones del sector salud. Cada paciente accidentado ocupa camas, personal y recursos que podrían destinarse a enfermedades crónicas o urgencias médicas no traumáticas. Para las familias, el impacto va más allá de lo económico: pérdida de ingresos, secuelas físicas, y en muchos casos, duelo.
En municipios como Kanasín, Progreso, Tizimín y Valladolid, el uso de motocicletas ha crecido exponencialmente en la última década. En Kanasín, por ejemplo, se estima que hay una moto por cada tres habitantes. Sin embargo, la infraestructura vial y hospitalaria no ha seguido el mismo ritmo.
Educación vial: el eslabón perdido
La mayoría de los motociclistas en Yucatán aprenden a conducir por imitación: un familiar, un amigo, o simplemente por necesidad. No existen escuelas formales ni requisitos rigurosos para obtener una licencia de motocicleta. Esto perpetúa malos hábitos como:
No usar casco certificado. Conducir bajo efectos del alcohol. Ignorar señalamientos y límites de velocidad. Transportar más pasajeros de los permitidos.
La Secretaría de Seguridad Pública (SSP) ha lanzado campañas de concientización, pero sin una estrategia integral que incluya educación vial desde la escuela, regulación estricta y fiscalización efectiva, los esfuerzos se diluyen.
¿Y si tuviéramos un hospital especializado en trauma?
La saturación hospitalaria es otro efecto colateral. En el Hospital General Agustín O’Horán, por ejemplo, el área de urgencias ortopédicas suele estar ocupada por víctimas de accidentes viales, especialmente motociclistas. Esto retrasa la atención de otros pacientes y sobrecarga al personal médico.
La creación de un hospital especializado en trauma y ortopedia, como existe en ciudades como Medellín o Monterrey, permitiría descongestionar el sistema y ofrecer atención más rápida y especializada. Sería una inversión estratégica en salud pública.
Movilidad pública: el verdadero antídoto
La raíz del problema es clara: la motocicleta se ha convertido en la alternativa ante un transporte público insuficiente. Aunque Mérida ha dado pasos importantes con el sistema “Va y Ven” y el IE-Tram, la cobertura sigue siendo limitada. Municipios como Umán, Conkal, Hunucmá y Ticul carecen de rutas frecuentes, seguras y conectadas.
Tomemos el ejemplo de Curitiba, Brasil, que desde los años 70 implementó un sistema Bus Rapid Transit (BRT) con carriles exclusivos, pago anticipado, rutas integradas y autobuses biarticulados. Resultado: menos autos, menos accidentes, mejor calidad de vida.
Yucatán puede y debe aspirar a lo mismo. Algunas propuestas concretas:
- Propuesta Beneficio
- Carriles exclusivos para autobuses Mayor velocidad y seguridad
- Sistema de pago unificado Facilita transbordos y reduce tiempos
- Rutas alimentadoras a zonas periféricas Inclusión territorial
- Unidades eléctricas Menos emisiones y menor costo operativo
- Centros de capacitación vial Reducción de accidentes
Un llamado urgente: movilidad digna para salvar vidas
La crisis de los accidentes en motocicleta no es solo un problema individual. Es una falla sistémica que involucra transporte, salud, educación y seguridad pública. Mientras no exista un sistema de movilidad eficiente, seguro y accesible, la motocicleta seguirá siendo la opción de muchos, y con ella, los costos humanos y económicos seguirán creciendo.
Invertir en movilidad es invertir en salud, economía y en la vida de todos los yucatecos. La seguridad vial comienza con la movilidad inteligente, y esta solo es posible con un transporte público digno, pensado para todos.
Yucatán merece moverse sin miedo. Y eso empieza por cambiar el rumbo, juntos.






